Dra. Lara Darwish

Doctora en Filosofía (PhD) en Educación e Investigación

Durante años, gran parte de los esfuerzos de transformación se han concentrado en incorporar herramientas, optimizar procesos y acelerar la ejecución. Sin embargo, la evidencia reciente sugiere que el verdadero desafío rara vez está en la tecnología misma, sino en la capacidad de las organizaciones para implementarla a su favor y acompañar los cambios que esta genera en los sistemas y, sobre todo, en las personas. Datos recientes de Gallup muestran que, aunque la adopción de inteligencia artificial continúa creciendo, solo alrededor de tres de cada diez colaboradores utilizan estas herramientas de forma frecuente en su trabajo, y uno de los factores que más influye en la velocidad y profundidad de esa adopción es el rol del líder directo.

Más allá de la incorporación de nuevas herramientas, este fenómeno refleja una transformación más profunda: la naturaleza misma del trabajo está cambiando. Nuevas formas de trabajar demandan nuevas formas de liderar. Adaptarse a un entorno cada vez más disruptivo e impredecible implica transformar no solo la manera en que trabajamos, sino también la forma en que navegamos la realidad laboral. En este contexto, los roles evolucionan constantemente. Aunque no exista un cambio formal de puesto o una promoción oficial, las responsabilidades, competencias y expectativas asociadas a cada posición suelen modificarse de manera continua.

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