- Líderes de la industria tecnológica advirtieron en Davos 2026 que la inteligencia artificial general podría emerger en un plazo de uno a cinco años.
- El debate ya no es técnico, sino político, económico y geoestratégico: empleo, regulación y control del cómputo están en juego.
- Aunque hay escepticismo científico, el consenso es claro: la IA avanza más rápido que los marcos de gobernanza global.
El Foro Económico Mundial en Davos 2026 volvió a colocar a la inteligencia artificial general (IAG) en el centro del debate global, con un mensaje claro: los avances recientes en IA no son sólo incrementales, sino capaces de redefinir profundamente la sociedad en los próximos cinco años.
Pero lo más interesante viene no solo del mensaje, sino más bien de todo lo que se conversó tras la teoría.
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Predicciones audaces desde el corazón de la élite tecnológica
Durante las discusiones en Davos, líderes de empresas clave en el desarrollo de IA calificaron la situación actual como una fase crítica, una “adolescencia tecnológica”, que exige acción global coordinada. E
xpertos como Dario Amodei (CEO de Anthropic) y Demis Hassabis (CEO de Google DeepMind) afirmaron que modelos capaces de igualar o incluso superar capacidades humanas generales podrían estar a entre uno y cinco años de distancia.
Amodei fue particularmente enfático al señalar que ya hay modelos que codifican software con mínima intervención humana, anticipando que estos podrían alcanzar tareas comparables a las de un ingeniero de software completo en muy poco tiempo. Hassabis, por su parte, matizó que si bien tareas específicas han sido dominadas, la creatividad científica (como generar hipótesis originales y verificar experimentalmente) sigue siendo un obstáculo para una verdadera IAG.
Pero este tipo de proyecciones no son aisladas: otras figuras influyentes en el espacio tecnológico, incluido el fundador de OpenAI, han sugerido cronogramas igualmente ajustados para la llegada de una IAG plenamente funcional.
Más allá de lo técnico: riesgos, empleo y control

El debate en Davos no se limitó a predicciones de capacidades futuras. Expertos también abordaron las implicaciones económicas y sociales inmediatas. Analistas indican que la aceleración de la IA ya está repercutiendo en el mercado laboral y que sectores “de oficina” y de entrada podrían ver una reducción significativa de puestos de trabajo en los próximos años si no se prepara una respuesta política adecuada.
Asimismo, se puso sobre la mesa un tema geopolítico delicado: la venta de semiconductores avanzados a ciertos actores globales, que fue comparada con decisiones tan graves como proveer armamento estratégico a adversarios. Los participantes advirtieron que este tipo de decisiones pueden acelerar de forma descontrolada el desarrollo de IAG fuera de marcos regulatorios seguros.

Perspectivas externas al foro: consenso y escepticismo
Aunque las voces en Davos impulsan cronogramas rápidos, la comunidad científica global mantiene una variedad de opiniones. Estudios revisados sugieren que la mayoría de expertos esperan que una IAG plena ocurra más allá de 2030, con una mediana de predicción hacia mediados de siglo, incluso si algunos líderes de la industria son mucho más optimistas.
Además, no todo el campo confía en que las metodologías actuales, como el simple aumento de tamaño de modelos y potencia de cómputo, sean suficientes para lograr una inteligencia comparable a la humana. Un porcentaje alto de investigadores sostiene que dichas rutas no garantizan por sí solas el salto hacia una verdadera IAG.
Implicaciones éticas y de gobernanza
Un elemento que resonó con fuerza en Davos fue la necesidad de marcos regulatorios y de gobernanza global, que se anticipen a los riesgos emergentes en lugar de reaccionar a ellos. La falta de coordinación, se dijo, podría convertir una oportunidad histórica en una crisis socioeconómica o de seguridad.

La atención generada en Davos por la IAG no es casualidad.
La convergencia de avances técnicos, predicciones de ciclos de innovación más rápidos de lo esperado y los debates sobre empleos y seguridad señalan que la discusión sobre IA ya no es futurista: es una cuestión inmediata de política pública, ética, y estrategia empresarial.
Si bien aún existen diferencias de opinión sobre cuándo una IA realmente igualará o superará la inteligencia humana, lo que queda claro es que el contexto actual exige diálogo informado, cooperación internacional y medidas prácticas para asegurar que estos avances beneficien a la humanidad en su conjunto.
