• OpenAI no quiere lanzar un gadget, quiere redefinir la interfaz desde la que interactuamos con la IA, pasando de la pantalla al entorno.
  • El hardware propio es una jugada estratégica, no de volumen: control de experiencia, datos contextuales y diferenciación en un mercado de modelos cada vez más similares.
  • Para marketing y AdTech, el riesgo y la oportunidad son enormes, si este dispositivo escala, cambia cómo se capturan señales, contexto e intención del usuario.

OpenAI confirmó en el Foro Económico Mundial de Davos que planea lanzar su primer dispositivo de hardware impulsado por inteligencia artificial en la segunda mitad de 2026.

La declaración, realizada por Chris Lehane, director global de asuntos de la compañía, fue breve pero contundente: el proyecto avanza según lo planeado y habrá más detalles en los próximos meses.

Es así como OpenAI, hasta ahora una potencia de software, busca entrar en el terreno más complejo de la tecnología de consumo: el hardware. Y no lo hace sola: El dispositivo está siendo diseñado en colaboración con Jony Ive, ex Chief Design Officer de Apple, responsable de productos que no solo se vendieron, sino que cambiaron comportamientos.

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La pregunta relevante no es qué es el dispositivo, sino qué significa que OpenAI quiera ser la nueva interfaz entre personas y tecnología.

De apps a presencia: el verdadero salto conceptual

Según reportes de la industria, el dispositivo sería compacto, portátil y posiblemente sin pantalla, con una interacción basada principalmente en voz, contexto y uso continuo. El objetivo: eliminar la fricción de “abrir una app” y convertir la IA en una capa permanente del entorno del usuario.

Este enfoque no es casual. La industria tecnológica lleva años intentando desplazar el centro de la experiencia digital fuera del smartphone. Asistentes de voz, wearables, lentes inteligentes y dispositivos ambientales han prometido ese futuro, pero ninguno lo ha logrado de forma masiva.

La diferencia ahora es el nivel de inteligencia contextual. Si la IA entiende intención, momento y entorno, el dispositivo deja de ser un accesorio y se convierte en un intermediario constante entre el usuario y el mundo digital.

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Por qué OpenAI se mete en el terreno más difícil de todos

Por qué OpenAI se mete en el terreno más difícil de todos. Imagen: IA
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Desde una perspectiva estratégica, el hardware responde a tres necesidades claras:

1. Control total de la experiencia

Hoy, OpenAI depende de terceros para llegar al usuario final. Un dispositivo propio le permitiría definir cómo se usa la IA, cuándo aparece y bajo qué lógica interactúa, algo clave para diferenciarse en un mercado cada vez más comoditizado.

2. Datos contextuales de alto valor

Un dispositivo siempre activo genera señales que hoy son escasas: contexto, intención en tiempo real y micro-momentos. Para la evolución de modelos de IA, ese tipo de datos es más valioso que el volumen puro.

3. Defensa competitiva

Cuando los modelos se parecen, la interfaz se vuelve la ventaja. El hardware crea una barrera difícil de replicar para competidores que solo juegan en software.

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El antecedente incómodo: por qué otros dispositivos de IA fracasaron

El entusiasmo debe leerse con cautela. Iniciativas recientes como Humane AI Pin o Rabbit R1 demostraron que la tecnología no garantiza adopción. Fallaron por razones clave:

  • No resolvían mejor que el smartphone un problema concreto.
  • Generaban fricción en lugar de eliminarla.
  • Subestimaron las preocupaciones de privacidad y control.

Aquí es donde la participación de Jony Ive resulta estratégica. No se trata de diseño “bonito”, sino de diseño conductual: entender cómo las personas incorporan (o rechazan) nuevos objetos en su rutina diaria.

Análisis Adtech: ¿por qué esto importa al marketing más de lo que parece?

¿Por qué esto importa al marketing más de lo que parece?. Imagen: IA.
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Si OpenAI logra escalar este dispositivo, el impacto para marketing y publicidad es profundo:

  • Nuevas señales de intención: menos clics, más contexto. El “qué quiero” se vuelve implícito.
  • Cambio en attribution y medición: ¿cómo se mide la influencia cuando la IA recomienda, filtra o decide?
  • Reconfiguración del funnel: la IA puede convertirse en el primer (y último) punto de contacto antes de una decisión.
  • Privacidad-first por diseño: obliga a repensar estrategias de first-party data y experiencias basadas en valor, no en tracking agresivo.

Para marcas y CMOs, esto no es ciencia ficción. Es una señal temprana de que la próxima batalla del marketing no será por impresiones, sino por relevancia contextual.

El dispositivo de OpenAI no debe leerse como un intento de competir con el smartphone, sino como un experimento ambicioso para definir la próxima interfaz dominante de la inteligencia artificial.

Puede fallar. Pero incluso si lo hace, marcará el camino de cómo, y desde dónde, interactuaremos con la IA en los próximos años. Para quienes toman decisiones en marketing, ignorar este movimiento sería un error estratégico.

¿Estamos ante la próxima gran interfaz de la IA o frente a otro experimento fallido de hardware?
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