David Lask

Director General de Tala en LATAM

En la última década, la transformación del panorama financiero en México ha sido un ejemplo del poder de la innovación: Transitamos de un escenario donde millones de personas estaban fuera del sistema formal a otro donde la tecnología ha ampliado el acceso al crédito y a otras herramientas financieras esenciales. 

Este avance, que en sí mismo es un logro en términos de inclusión, nos sitúa hoy ante la siguiente frontera: ya no se trata solo de la disponibilidad de servicios, sino de la inteligencia y la hiperpersonalización en cada interacción financiera.

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La primera ola de la revolución fintech se enfocó en la expansión de este acceso.

Sin embargo, aunque la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 revela que un 76.5% de la población adulta en México ya utiliza al menos un producto financiero formal, pero persisten brechas profundas para los grupos más vulnerables.

Más aún, la capacidad de estas nuevas poblaciones para navegar, entender y crecer dentro de este ecosistema crediticio, sigue siendo limitada. El verdadero crecimiento económico individual y la construcción de relaciones financieras sostenibles y significativas no se cimientan únicamente en la existencia de ofertas, sino en la provisión de rutas claras de desarrollo, educación y una inclusión genuinamente inteligente e integral.

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