José Pablo Canal de Velasco

Catedrático y conferencista en datos e IA aplicada a los negocios, autor del libro "La pieza pendiente".

Recuerdo, recién graduado, cuando era coordinador de marca en Sabritas y armé mi primer plan de medios de a de veras. Un ritual casi ceremonial, obsesionado con el “Share of Voice”, con cuánto pesaba mi marca frente a la competencia, y con un acrónimo que me acompañaría casi veinte años: el CPM. Costo por mil impresiones. Una métrica que, junto a otras figuras míticas como los Rating Points, dictaba cómo se compraban los medios.

Hoy el CPM dista mucho de su origen. ¿Quién imprime ya, después de todo? Y aun así, sigue más vigente que nunca, solo que ahora se parece más al piso de la Bolsa de Nueva York de los ochenta que a la sala de juntas de un periódico a punto de imprimir.

Eso cambia la imagen que cargamos de la publicidad. Mucha gente todavía piensa en Don Draper, el de Jon Hamm en Mad Men: carisma, un trago, demasiados cigarros y una idea garabateada en una servilleta. Pero Don Draper dejó de ser el protagonista. Y ya entrados en buenas series, la publicidad digital de hoy se parece más a un episodio de Mr. Robot que al drama de oficina de Mad Men.

Esta publicación es solo para suscriptores

Suscribirse Suscribirse

¿Ya tienes una cuenta? Iniciar sesión