Durante años hemos buscado que el marketing sea cada vez más medible. Queríamos demostrar que cada peso invertido podía traducirse en un resultado de negocio y, en ese camino, encontramos una métrica extraordinariamente atractiva: el ROAS.

Es simple, comparable y fácil de llevar a una conversación financiera. Invertimos uno, regresan cinco. ROAS 5x. Parece difícil discutir contra eso.

El problema comenzó cuando dejamos de utilizar el ROAS para medir campañas y empezamos a utilizarlo para tomar prácticamente todas las decisiones de marketing.

Entonces, podríamos definir al ROAS como una métrica que mide la eficiencia de nuestras campañas. ¿Cierto? Aunque también podríamos pensar que es una estrategia de crecimiento. Esto no necesariamente es así.

Confundir el concepto y el uso de la métrica puede llevarnos a una paradoja incómoda: podemos tener campañas cada vez más eficientes mientras construimos marcas con cada vez menos espacio para crecer.

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