Blanca Ireri Espinosa
Director of Communications, Global Council for Responsible AI
No podemos negar que el hype por la IA empezó a arrasar en todas las industrias. Movilizó a fundadores, inversionistas y consejos de administración de las empresas para implementar su uso lo más pronto posible. En 2024, IBM, citado por Infobae, reportó que el 61% de las empresas planeaba aumentar su inversión en IA para 2025. Esta tendencia sigue en aumento. Muchas de ellas ya tienen presupuestada una partida para inteligencia artificial, incluso sin saber para qué la utilizarán.
Aquellos que actuaron de manera reactiva, dejándose llevar por la prisa y por querer ganar la carrera de ser los primeros en usar IA, terminaron perdiendo recursos económicos, además de desgastar y asustar al talento.
Un estudio de LinkedIn de 2026 reveló que el 60% de las empresas pagaba por herramientas que nadie utilizaba y el 40% tenía suscripciones duplicadas entre equipos.
La trampa en la que cayeron los dueños de las compañías fue creer que obtendrían grandes ahorros a largo plazo, sin tomar en cuenta los requisitos iniciales. Apostaron por la tecnología de vanguardia y dejaron de lado el valor de los colaboradores que conocen los procesos y el tejemaneje del negocio.
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