- El Tech Transparency Project identificó más de 7,600 anuncios de aplicaciones con capacidades “nudify”, publicados por cuentas que señalaban a GatherOne como anunciante o pagador.
- GatherOne forma parte del reducido grupo de intermediarios autorizados para conectar a empresas chinas con las plataformas publicitarias de Meta.
- El caso desplaza el debate de la moderación de anuncios hacia un problema mayor: la gobernanza, verificación y rendición de cuentas dentro de la cadena de suministro publicitaria.
Una reciente investigación ha vinculado a miles de anuncios de apps capaces de producir imágenes íntimas sin consentimiento, con GatherOne, uno de los intermediarios autorizados por Meta en China.
Por sorprendente que parezca, este caso revela que la seguridad publicitaria ya no depende únicamente de revisar anuncios, sino también exige supervisar a quienes tienen acceso privilegiado al ecosistema.
Pero el problema de Meta no comenzó con un anuncio explícito que logró escapar de sus filtros. Comenzó mucho antes, en la arquitectura comercial que permite a ciertos intermediarios colocar campañas para miles de anunciantes.
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La investigación, publicada por el Tech Transparency Project documentó una extensa red de anuncios en Facebook e Instagram que promocionaban apps de IA capaces de desnudar digitalmente a mujeres, intercambiar sus rostros con cuerpos sexualizados o incorporarlas en videos pornográficos.
El reporte no atribuye directamente la creación de esas campañas a Meta. Lo que sí encontró, mediante los datos disponibles en Meta Ad Library, es que las cuentas responsables identificaban a GatherOne o a su razón social relacionada como anunciante y pagador.
GatherOne no es una agencia desconocida que operaba desde los márgenes del sistema. Según TTP, forma parte de aproximadamente once intermediarios seleccionados por Meta para colocar publicidad de clientes chinos en mercados internacionales. Facebook e Instagram están bloqueados en China, pero las empresas del país pueden utilizar estos socios para alcanzar consumidores en otras regiones.
No fueron unos cuantos anuncios que burlaron el sistema
TTP concentró su análisis en la Unión Europea, donde las obligaciones de transparencia publicitaria permiten conocer quién paga y quién se beneficia de determinadas campañas.
La organización identificó 210 páginas de Facebook que mencionaban a GatherOne o Hongkong Gather Wisdom Network Technology en sus avisos publicitarios. En conjunto, esas páginas difundieron alrededor de 30,800 anuncios de aplicaciones de intercambio de rostros y otras herramientas de IA.
Dentro de esa muestra, 43 páginas publicaron más de 7,600 anuncios correspondientes a aplicaciones que TTP verificó que podían generar imágenes sexuales o desnudos artificiales. También encontró que 179 páginas —85% de las analizadas— habían difundido anuncios que Meta retiró posteriormente por infringir sus reglas sobre explotación sexual, desnudez o lenguaje sexual explícito.
La precisión importa: que Meta eliminara esos materiales demuestra que parte de su sistema de cumplimiento actuó. Pero el hecho de que los anuncios hubieran circulado antes de ser retirados plantea una pregunta diferente: ¿la plataforma está diseñada para prevenir el daño o principalmente para reaccionar después de que ocurre?
TTP encontró al menos dos docenas de páginas que continuaron anunciándose incluso después de que Meta retirara algunas de sus campañas. La investigación también sostiene que una página llegó a publicar cientos de anuncios adicionales después de recibir una sanción relacionada con las políticas de explotación sexual infantil.

Meta ya había declarado la guerra a estas aplicaciones
La existencia de una política ambigua no explica el problema.
En junio de 2025, Meta anunció una demanda contra Joy Timeline HK Limited, empresa vinculada con CrushAI, y aseguró que sus normas prohíben tanto las imágenes íntimas sin consentimiento como la promoción de aplicaciones capaces de generarlas.
La compañía informó entonces que eliminaba anuncios, páginas y cuentas relacionadas con esos servicios; bloqueaba enlaces; restringía términos de búsqueda y desarrollaba tecnología para detectar campañas que utilizaran imágenes aparentemente inocuas con el objetivo de evadir sus filtros.
Meta también reconoce en sus Estándares de Publicidad que el proceso de revisión comienza de manera automatizada antes de que una campaña se publique. Ese modelo es imprescindible para evaluar publicidad a escala global, pero el caso GatherOne muestra sus límites cuando los infractores modifican dominios, creatividades, cuentas y descripciones con mayor rapidez que los sistemas de detección.
La contradicción es difícil de ignorar. Meta emprendió acciones legales contra el desarrollador de una aplicación por intentar eludir sus controles, mientras un intermediario autorizado aparecía vinculado con miles de anuncios de servicios similares.
Eso no prueba que Meta conociera cada campaña antes de su publicación ni que GatherOne hubiera aprobado conscientemente todas las piezas. Sí demuestra que castigar al anunciante final no es suficiente cuando la infraestructura comercial permite que nuevas cuentas, dominios y aplicaciones vuelvan a entrar al sistema.

El incentivo económico
China es un mercado publicitario importante para Meta, aunque sus plataformas sociales no operen abiertamente dentro del país.
Según información del informe anual presentado por Meta ante la SEC, la compañía obtuvo 18,350 millones de dólares en ingresos procedentes de anunciantes en China durante 2024, frente a 13,690 millones en 2023 y 7,400 millones en 2022.
Por otro lado, una investigación de Reuters publicada en diciembre de 2025 informó, basándose en documentos internos, que Meta había calculado que cerca de 19% de sus ingresos publicitarios chinos de 2024 provenía de fraudes, apuestas ilegales, pornografía u otros contenidos prohibidos.
Meta ha cuestionado la idea de que tolere deliberadamente este tipo de prácticas y sostiene que invierte en sistemas para detectar y sancionar a los infractores. Sin embargo, los antecedentes reportados por Reuters convierten al caso GatherOne en algo más que una falla puntual de moderación: lo colocan dentro de una tensión estructural entre crecimiento comercial, control de socios y cumplimiento de políticas.

La Brand Safety también depende de quién puede comprar publicidad
Durante años, la seguridad de marca se concentró en evitar que los anuncios de una empresa aparecieran junto a desinformación, violencia o contenido sexual. Hoy en día, en los entornos cerrados de las grandes plataformas, esa definición ya resulta insuficiente.
Los anunciantes no solo comparten pantalla con contenidos potencialmente riesgosos. También comparten infraestructura, sistemas de subasta y procesos de validación con campañas que pueden involucrar fraude, explotación o servicios prohibidos.
El riesgo para una marca no significa necesariamente que su anuncio aparezca junto a una aplicación “nudify”. El problema es invertir en un ecosistema cuya capacidad para verificar a los actores comerciales, hacer cumplir sanciones y evitar la reincidencia no puede auditarse fácilmente desde fuera.
Desde esta perspectiva, la Brand Safety deja de ser únicamente una cuestión de ubicación y se convierte en una evaluación de la integridad de la plataforma.
La respuesta de GatherOne no cierra el caso
Después de la publicación del reporte, GatherOne afirmó que cumple con las políticas de Meta y con los marcos legales aplicables. También informó que suspendió nuevas solicitudes de cuentas relacionadas con servicios de “nudify”, intercambio de rostros y acompañantes virtuales, además de iniciar una actualización de sus controles de cumplimiento.
Meta señaló que prohibió una de las aplicaciones identificadas, bloqueó enlaces hacia otros servicios y aplica sanciones que pueden incluir la cancelación de campañas, penalizaciones económicas y el cierre de cuentas.
Las medidas son relevantes, pero también llegan después de que miles de anuncios alcanzaran el mercado.
Ese es el punto central para la industria: en un ecosistema gobernado por automatización, distribuidores, APIs y socios comerciales, la responsabilidad no puede activarse únicamente cuando una investigación externa identifica el problema.
Meta no enfrenta solo el reto de detectar mejores anuncios prohibidos. Necesita demostrar que puede gobernar toda su cadena publicitaria con el mismo rigor que exige a quienes compran directamente desde su plataforma.
Porque cuando un intermediario autorizado aparece vinculado con miles de campañas que incumplen las reglas, el problema deja de ser el anuncio que burló al algoritmo. El problema es quién tenía las llaves para dejarlo entrar.
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